Hace muchos años, Le Marais, en la orilla derecha del Sena, era el barrio conocido como el de los judíos religiosos de Paris. Calles estrechas, casonas que alguna vez, mucho antes, fueron palacetes. Hoy siguen en pie las piedras, muchas de esas casonas con patios y jardines y un espíritu de barrio especial. Aún se conservan locales de fallafel (como Le ´as du fallafel o Chez Marianne) y cocina judía, pero el tiempo pasa y parte de ese espíritu cambió por el del diseño y galerías de arte, mezcladas con el mercadeo mayorista chino. Rara mistura.

En una de esas casonas, del 1700, en la Rue du Temple (calle del Templo), hoy conocida en el barrio por sus escuelas de baile que incluyen desde flamenco a tango y su sala de espectáculos, funciona desde hace unos meses La brasserie Grand Coeur. Un gran corazón, como la pinta su equipo, que lleva la firma de Mauro Colagreco y dos socios, y con una consigna clara: hacer una brasserie con precios posibles, sin renunciar al Mediterráneo y a los productos de alta calidad. En las mesas de todos los días, quienes se acerquen encontrarán una cocina accesible y sabrosa con carnes, vegetales y pescados y muchos platos con sabor a infancia.

Este bistrot, con mucho de chic, tiene un brasilero al frente del equipo, Rafael Gomes, que respeta las consignas de Mauro: mantener el espíritu de Mirazur: productos de temporada (con un especial trabajo con los vegetales) y la fuerza del Mediterráneo, donde lo simple es lo que prima, aunque, se sabe, siempre la búsqueda de lo más sencillo es lo que implica un gran trabajo. Crear cada plato, me cuenta Mauro, fue un pequeño descubrimiento. Quisimos lograr un espacio de vida, muy abierto, para que sea realmente accesible, sin las limitaciones de un restaurante gourmet, con una cocina generosa.”

La casa de piedra, donde se intentó respetar la antigüedad al máximo, tratando de no tocar paredes, con arcos, piso de madera, techo de grandes vigas y un salón anexo con entrepiso, en estilo de los ´60. El patio interno del edificio merece párrafo aparte, porque les permitió tener una hermosa terraza cubierta, disfrutable de día y de noche.

En las mesas, el sello de Mauro se percibe desde un comienzo, cuando llega el pan de campo con buen aceite de oliva y cítricos de Menton. Después, hay varias opciones, todas tentadoras, como la Burrata de Puglia con mermelada de tomates confitados, las Coquilles Saint Jacques a la plancha o el Fricassèe de champignones salvajes. En principales, cordero con batata y salsa de sésamo, los langostinos grillados con curry Madras, pescado salvaje del día o la tarta de cèpes, entre otras opciones que varían constantemente. Postres muy golosos, para compartir, como tarta de membrillo (coings), la mousse de chocolate enorme con caramelo o la crema de chocolate blanco, con yogurt y fruta de la pasión a la que le tenía miedo (no me gusta el chocolate blanco) y sin embargo el chef logró torcerme el deseo: la comí con placer. Buen café, acompañado con magdalenas, para no olvidar que estamos en Paris, aunque el entorno lo recuerda permanentemente. Es la concreción de un sueño de años, me dice Mauro, desde que llegué a esta ciudad a estudiar quise tener aquí un restaurante. Por eso el nombre “Gran corazón”. Llegar y sentir ese olor del pan en la mañana y la primera luz del sol en el Sena provocan latidos muy fuertes, bombeo al que Colagreco le pone toda la garra.

GPS:Grand Cœur, 41 Rue du Temple, 75004 Paris, Francia. Tel:+33 1 58 28 18 90.

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