Cuando estás por Palermo, por más que parezca que hay muchas opciones, a mi se me hacen pocas. Un mediodía soleado, tentada por la nota de #LauraLitvin en #LaNación, volví a La Alacena. Es “la esquina” de Julieta Oriolo, con su pañuelo en la cabeza, detrás de fuegos, mesadas, controlando todo. La delgadez y su juventud en su caso no son sinónimo de flaqueza: es pura polenta. La demostró cuando estuvo a cargo de Uriarte, Malvón, Basa, Grand Café, Le Blé… y hoy, haciendo lo que le gusta, manejando La Alacena.

El espacio iba camino a ser una salumería, su primer deseo, pero terminó en un deli, restaurante-bar, que por suerte no tiene las pretensiones de los locales que están a pocas cuadras. Aquí se come tan bien, que dan ganas de volver a probar todo y eso no te implica endeudarte hasta la coronilla. Una esquina porteña, donde Honduras es ancha, con pocas mesas de madera, mucha luz, por supuesto, una alacena, cocina a la vista y un plus: para tentarse y llevarse a la casa, el pequeño local vecino (ex kiosco) que hoy se anexó y funciona como panadería y donde venden productos.

Julieta me cuenta que heredó mucho de su familia calabresa, recetas que aprendió aquí, espiando a su abuela, y que va a acrecentar en poco tiempo, cuando los visite en Italia, donde ya le están preparando repertorio. Abre durante el día, porque quería recuperar las noches para ella. Por eso, hay opciones, desde el desayuno, almuerzo, incluyendo un menú diario a precio más que posible, brunch los fines de semana o en ocasiones especiales y carta y merienda. Está lleno, sí, y el por algo será, por una vez se aplica como debe ser.

 

Para armar la carta, Julieta busca ingredientes especiales que la conecten con su historia, simples, puro sabor. Por eso no me extraña que Pietro Sorba haya elegido su lugar para presentar su línea de embutidos, entre los que se encuentra la famosa nduja calabresa, de recortes de cerdo con peperoncino, delicia que me hizo acordar a la sobrassada mallorquí (aunque esta última es menos picante). Aquí amasan los panes que forman parte del antipasto o los sándwiches prensados a la plancha de hierro. Opciones, muchas, desde ensaladas, un buen plato de salumi italiani, berenjena a la parmesana, farinata… Y para seguir, polpeta (receta de la abuela), gnudi pomodoro nduja sardicella (uno de los mejores platos que comí este año, nubecitas picantes, deliciosas), pescado blanco a la sartén con vegetales de estación, pastas caseras, pollo de campo al mattone y más (consultar por los platos del día).

Los postres no pueden obviarse, la torta de chocolate es buenísima, al igual que la pera cocida en almíbar de grappa o las tarteletas. En fin, ese día no cuente calorías, cuente satisfacción, saldrá ganando.

GPS:
La Alacena: Gascón 1401 (esq. Honduras).
Teléfono: 4867-2549.
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