Esta vez mi destino me llevó a recorrer la Provenza, en Francia. Pueblos muy antiguos colgados en las laderas, campos de lavanda –su oro azul- hierbas, olivos centenarios, vides, el sol que va cambiando de tonalidad a medida que pasan las horas y una cocina que te atrapa. La zona recibe del cercano Mediterráneo vientos y el reflejo azul, sales, frutos de mar y pescados. La fama gourmet le viene de lejos. Por eso Provence posee un clima especial: su vegetación y su paisaje son mediterráneos. La zona ya era apreciada por los romanos, que llegaron de Galia y hablaban de las Bouches du Rhône, a la que convirtieron en provincia y no en colonia por su belleza y por sus productos. Desde muy antiguo, allí se cultiva el olivo, con el que se produce el aceite más popular e importante de la cocina local. Otro de los sabores, el ajo, al que se conoce como ‘la trufa de Provenza’ juega con el tomate, a los que se suman las hierbas. Un equipo de primera.

 

Alain Ducasse posee varios restaurantes en el mundo, pero hay uno muy chico que ama y es La Bastide de Moustiers, enclavado en esa tierra, una zona que lo sedujo desde muy joven. Hasta allí fui. El lugar está ubicado en el centro de un terreno con sus cuatro hectáreas de huerta, una casona del siglo XVIII, con muy pocas habitaciones y mesas, donde sirven platos que te conectan con el placer, de esos que no necesitan adjetivos. Rico engloba todo y más. En esta casa de piedra construida en medio de esas olas de lavanda y de olivos, la idea del chef fue primero tener una casa para él y sus amigos y luego, convertida en hotel, hacer que quienes lleguen dejen la armadura de “la formalidad” y se sientan como en su hogar. Se puede pasear desde la terraza a la piscina, a través de los jardines, donde –cada tanto- hay hamacas para recostarse, mirar el cielo y aspirar el perfume de las hierbas. Cada habitación fue ambientada con estilo provenzal y lleva nombres, como L’Amande (la almendra) o L’Olive (la aceituna). Una vez instalados, los deseos son posibles en manos de Sarah Chailan, su directora, alguien que tiene claro el rol necesario en un hotel.

 

Con esa base el equipo del chef comandado por Auriane Bondil, oriundo del lugar, trabaja con ingredientes de producción propia, como los vegetales que llegan de la huerta orgánica del restaurante, todos según lo expresa el propio Ducasse, cultivados con amor y respeto a la tierra. Ósmosis que se percibe en los platos, a los que suman los que provienen de los vecinos, el aceite de oliva de Guillaume Chabot at Bonaventure (molino de Valensole) o la miel de Moustiers Sainte Marie. Todo es de la naturaleza a la mesa.

El menú cambia cada día, siguiendo el ritmo de las estaciones y dependiendo de lo que está listo para ser cosechado. Se puede pedir en el restaurante, ambientado con recuerdos personales de Ducasse, o en el jardín, debajo de los árboles. Probé el foie gras de pato a las brasas, el turbot, el pichón, los quesos de la zona, todos platos acompañados con vegetales y hierbas de la casa. De postre, ruibarbo de Provenza y el chocolate de la manufactura de Ducasse (¿Me paro? ¿Lloro? ¡Increíble!!). El desayuno sigue las mismas líneas, aquí un hojaldre es un hojaldre, todo es casero y las infusiones tienen el sabor y el perfume del lugar. Una experiencia que recomiendo vivir, aunque no se hospede allí.

 

Cerca, si quiere conocer la zona, llegue hasta el gran cañón (el más grande de Europa) Les Gorges du Verdon, rodeado de aguas verdes, parque natural, un paisaje de esos que te arrancan un guau, y que se puede admirar desde las terrazas, si se tiene algo de vértigo, o animarse y recorrerlo en canoa. Otra opción es vivir allí un picnic, acompañado por el chef de la Bastide, con bocados provenzales… un lujo. Un poco más allá, el pueblo de Moustiers-Sainte-Marie, pueblo de piedra, colgado en la montaña, famoso por su cerámica, al que se divisa por la enorme estrella dorada que hace siglos hizo colocar un cruzado, al cumplir su meta. La mía, vivir un día especial en la Provence, estaba cumplida, aunque siempre se puede volver.

Crédito fotos Bastide de Moustiers: P Monetta.

GPS:
Chemin de Quinson,  04360 Moustiers-Sainte-Marie, France.
Teléfono. +33 (0)4 92 70 47 47
www.bastide-moustiers.com
@BastidMoustiers @bastidemoustiers
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