, ,

Bangkok I Mercado y visitas


Aunque no lo esperaba, tuve oportunidad de visitar Bangkok nuevamente, de la mano de Gaggan Anand. Esta vez, tenía asegurado que los sabores iban a ser los protagonistas del viaje, al que voy a contárselo en varias etapas.

Como en mi primer contacto, la capital del Reino de Tailandia me siguió pareciendo extraída del film Blade Runner: calles con olor a especias, enormes rascacielos (cada vez más) junto a casuchas, miles de cables colgantes y autopistas elevadas y por sobre ellas, un tren elevado, el BTS. A su vez, miles de puestitos callejeros, y shoppings enormes, cada dos cuadras, donde se encuentran las marcas más caras del mundo. Según lo que me explicaron, este caos se debe a que la ciudad jamás fue ocupada: Bangkok creció sin planificación alguna y creo que así continuará. Terrenos gigantes anuncian que en pocos meses serán edificios de cientos de pisos.

El paisaje incluye a el Chao Phraya, el río de reyes, que lo recorre y divide a Bangkok en dos, más los múltiples canales que hacen que a esta ciudad se la conozca como la Venecia asiática. Pero la postal no estaría completa sin hablar del budismo. A cada paso es posible cruzarse con un altar, ofrendas de flores, comidas, velas, y los monjes de túnicas naranjas. ¿Qué ver? El Gran Palacio y los templos antiguos, como el de Wat Pho, el del gran Buda Reclinado.


Otra de las visitas obligadas es la Casa de Jim Thompson, un arquitecto norteamericano que trabajó como espía durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo su base de operaciones en Tailandia. Finalizada la guerra, se interesó por la seda y los tejidos del país a los que introdujo con calidad. En 1967, durante un viaje por Malasia, desapareció… Su casa es un ejemplo de las tradicionales Thai, cuenta con cafetería, restaurante y un local de venta. (6 Soi Kasemsan 2, Rama 1 Road).

El panorama de este viaje por los sabores de Tailandia tuvo una parada especial: sus mercados. La pregunta es simple: ¿cómo entender los platos de este pueblo sin acercarse a sus frutos, especias, pesca y un enorme etcétera? Recorrer los puestos implica abrir al máximo los sentidos y dedicarse a mirar, oler, tocar, probar. Como siempre, la idea no era conocer uno turístico, quería recorrer el que es el elegido por Gaggan y allí fuimos: al Or Tor Kor Market.

Caminando entre pasillos pulcros, me fui metiendo primero por la fruta, muchas exóticas, que veo muy poco en la vida. Inmensa variedad que se compone de la local, más las de los países vecinos. Imposible no empezar por el durián, del tamaño de un zapallo, con pinches. El pobre tiene mala prensa: lo prohíben por el olor de su cáscara en hoteles y transportes públicos. No hay que hacerle caso a las campañas difamatorias, la pulpa es muy dulce, cremosa, una delicia. Lo que se debe tener claro al comerlo es que tiene un efecto casi hormonal, aporta calor. Aquí lo sirven con gajos de mango, que bajan la temperatura del cuerpo.

Las sorpresas siguieron. Probé dragon fruit, ramboutan, lychees frescos, cítricos (mandarinas muy chicas, tan dulces como una miel), tamarindo, sandía amarilla, bananas y el ananá más rico que haya comido en la vida. Ví montañas de coco y también la máquina manual con la que preparan la leche, ingrediente básico de la cocina thai.

El recorrido fue largo. Siguió por los vegetales. Chiles, de todos los tamaños y colores. Confieso que no me animé a probar, aunque mis compañeros de ruta nativos los mordían sin problema. Yo me fui hacia las montañas de ajos, de diferentes tamaños y colores. Seguí por las cebollas, las raíces y las hojas. Tenía encargos de lima kaffir, de sabor alimonado, y compré varios paquetes.

A un costado del mercado, funciona un espacio dedicado a lo orgánico. Cada ingrediente tiene identificado su origen, el del productor y su terruño.

Después de ver puestos de canastos, sombreros y otras tentaciones varias, fui por las especias. Había de todo y más. Cada espacio produce sus mezclas, hay curries con toda la graduación de fuego y como en todos lados poseen envasadoras al vacío, pude elegir y pedir que me preparen paquetes, como para poder viajar.

Condimentos, más condimentos… ojo que son fogosos y no es un chiste, nada de hacerse los machos, porque la cosa va en serio. Probar de a poco, darle al paladar la información en pequeñas dosis.

Una vez terminada esa etapa, seguí por los puestos con ollas enormes con infinidad de comidas, donde no falta un buen pad thai, arroces, flores para comer, bandejitas con bollitos de arroz glutinoso rellenos, dulcería de colores. Una vez finalizado el recorrido, cada uno de los integrantes del grupo eligió lo que quería probar: compramos diferentes platos y los llevamos al espacio de mesas del mercado, un lugar muy limpio, donde se puede degustar sin problema lo adquirido. Una fiesta para el paladar, por muy poco dinero, una salida obligada si se quiere conocer el corazón de Tailandia.


GPS
:
#Tailandia #Bangkok #Cocinathai #Cocinaasiática #Asia #GagganAnand #TheWorlds50bestasia #TheWorlds50best #Mercado #OrTorKorMarket #queremosmercadosya

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.