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¿Blade Runner? No, Bangkok

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Cuando decidí viajar a Asia, tomé conciencia de dos cosas primordiales para un viajero: la distancia desde la Argentina y lo grande de ese continente. Entonces, debía elegir. Tailandia y Vietnam serían mi bautismo, el peso de su gastronomía. 

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Comencé por Bangkok, capital del Reino de Tailandia, una ciudad de la que sólo tenía noticias por lo leído y las descripciones que hace de ella John Burdett en Bangkok 8 y Bangkok Tattoo. http://saboresquematan.com/2014/01/21/cocina-pasion-y-crimen-en-bangkok/ 

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Confirmo, parece extraída del film Blade Runner: calles con olor a especias, enormes rascacielos junto a casuchas, miles de cables colgantes y autopistas elevadas y por sobre ellas, un tren eléctrico, el BTS -ultramoderno y confortable- que, confieso, provocó mi envidia. 

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A su vez, puestitos, miles de puestitos callejeros, y shoppings enormes, de pisos y más pisos, donde se encuentran las marcas más caras del mundo. 

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Se dice que este caos, a piacere, se debe a que la ciudad jamás fue ocupada: Bangkok creció sin planificación alguna. 

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A todo ese paisaje urbano hay que sumarle el Chao Phraya, el río de reyes, que la recorre y la divide en dos, y los múltiples canales que hacen que a esta ciudad se la conozca como la Venecia asiática. 

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La postal no estaría completa sin hablar del budismo. A cada paso es posible cruzarse con un altar, templos dorados, ofrendas de flores, comidas, velas, y los monjes de túnicas naranjas, monjes que tienen tratamiento especial: hasta en el aeropuerto cuentan con un carril exclusivo. Tanta divinidad aporta otro de los nombres Krung Therp (Ciudad de los Angeles). 

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A la sensación surrealista hay que sumarle “El Calor y La Humedad”, con mayúscula. 

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Me hospedé en el Four Seasons Hotel de Bangkok, en un barrio tranquilo. Rodeado de estanques con peces, vegetación, calma y una atención excelente, de esas que se agradecen cuando se está en un país extraño. 

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El hotel ofrece desayuno occidental y oriental, como se imaginarán, opté por el thai. 

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 Comenzaba mi día con sopas, bollitos de arroz glutinoso, frutas, comidas rarísimas, una buena dosis para entrar en clima desde la mañana. 

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 Después, el conserje me iba recomendando recorridos, la forma de llegar y lo que debía obviar. Detalles que aseguran el éxito de un viaje. 

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Como mi fecha coincidió con el 1º de Mayo (y miles de turistas chinos), él me oficiaba de brújula, para guiarme en sentido contrario a la corriente. Así, mientras todos iban a los shoppings, yo recorrí el Gran Palacio y los templos antiguos. 

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Como mi fecha coincidió con el 1º de Mayo (y miles de turistas chinos), él me oficiaba de brújula, para guiarme en sentido contrario a la corriente. Así, mientras todos iban a los shoppings, yo recorrí el Gran Palacio y los templos antiguos. 

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Allí, no perderse el espacio dedicado al trabajo de la seda, dirigido por la fundación de la reina, donde puede apreciarse todo el proceso de su elaboración (y después, obvio… pasar por la tienda, donde se encuentran telas y trabajos muy diferentes a los que verá en las calles). 

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A pocas cuadras está el templo principal de Wat Pho, más conocido por ser el contenedor del gran Buda Reclinado, unos 46 metros de largo y 15 metros de altura, recubierto de oro. Al salir, imperdible la escuela de medicina tradicional, famosa por sus masajes buenísimos y muy baratos. 

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Para mercados, si lo que se quiere ver es ingredientes y preparaciones, recomiendo dejar los flotantes como visita turística y sumergirse en Or Tor Kor Market, al que me llevó Sakchai Ditsakul, chef del restaurante Spice Market (hotel Four Seasons). 

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Aquí me pude tentar con todo, porque poseen envasadoras al vacío y me prepararon paquetes, como para poder viajar. 

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Comencé por la fruta, inmensa variedad que se compone de la local, más las de los países vecinos. Imposible no empezar por el durián, del tamaño de un zapallo, con pinches, al pobre hasta lo prohíben por el olor de su cáscara. No hay que hacerle caso a la prensa, la pulpa es muy dulce, cremosa, una delicia, para mi la contra es que tiene un efecto casi hormonal (sin discriminar hombres de mujeres) aporta calor. Aquí lo sirven con gajos de mango, que bajan la temperatura del cuerpo. 

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Sorpréndase y pruebe dragon fruit, ramboutan, lychees frescos, cítricos, tamarindo, sandía amarilla, bananas y el ananá dulce y fresco. Veo montañas de coco con el que preparan una muy buena leche de coco, ingrediente básico de esta cocina. 

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Podría seguir, pero pasé a los vegetales, chiles de todos los tamaños y colores, montañas de ajos, cebollas, raíces y hojas, como la lima kaffir, de sabor alimonado, deliciosa o la nira, ese cebollín con ligero sabor a ajo. 

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Condimentos, más condimentos… ojo que son fogosos y no es un chiste, nada de hacerse los machos, porque la cosa va en serio. Probar de a poco, darle al paladar la información en pequeñas dosis. Sin privarse de nada. 

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Llevarse salsas de pescados fermentados, curries (verdes, rojos, más o menos picantes), maní en todas sus formas, aves, frutos de mar vivos, en peceras… Puestos con ollas enormes con infinidad de comidas, donde no falta un buen pad thai, arroces, flores. 

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Para comer, bandejitas listas con unos bollitos de arroz glutinoso (de colores), con rellenos varios, acompañados con hojas, todos los platos y la dulcería de colores como los Ka Nom Nam Dok Mai. 

037_0105_bladePara los fines de semana “el mercado” es el de Chatuchak, el más grande del mundo, al aire libre.

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Un capítulo aparte son los mercados flotantes: el de Taling Chan y el Amphawa, (fines de semana) y el Damnoen Saduak.

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Para seguir con mi taquicardia, recorrí el barrio chino, gigante. Cuadras y cuadras, donde es posible encontrar de todo y más, hasta empanadas. 

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Otro imperdible es la Casa de Jim Thompson, un arquitecto norteamericano con una vida que da para un policial. Trabajó como espía durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo su base de operaciones en Tailandia. Finalizada la guerra, se interesó por la seda y los tejidos del país. 

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En 1967, durante un viaje por Malasia, desapareció… Su casa es un ejemplo de las casas tradicionales Thai, cuenta con cafetería, restaurante y un local de venta. (6 Soi Kasemsan 2, Rama 1 Road). Para darse un gusto y entender la cocina thai con mayúscula: Nahm http://saboresquematan.com/2014/06/01/nahm/

Hora de seguir viaje, primera etapa Asia ¡cumplida!

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GPS: Four Seasons Hotel Thailandia, 155 Rajadamri Road, www.fourseasons.com A tener en cuenta: los argentinos necesitan vacuna anti fiebre amarilla, salvo que demuestren estadía previa en Europa de varios días. El pasaje es más económico, si se toma un paquete aéreo, desde Londres o Paris.

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