Japón, introducción

Cuando decidí este viaje a Japón, pensé que era uno de esos destinos –en estos momentos de mi vida- ideales: reunía una de las mejores cocinas del mundo, absolutamente desconocida por mi, hasta ahora, una cultura diferente y diseño, la pasión del catalán, disciplina que aquí atraviesa todo lo que se cruza ante la vista, desde una simple botella de jugo, hasta el más sofisticado de los vestidos, sin olvidar las cajitas con las que preparan las viandas –bento. Lo que no tuve en cuenta fue mi edad, justamente hoy, 30 de junio, cumplo 58. Era un buen regalo para los 48, me sobraron 10. Si Nueva York genera taquicardia, Tokyo produce una sensación de adrenalina que a mi cuerpo le costó, y mucho, tolerar. Las horas de jet lag son otra historia a tener en cuenta, es muy fácil no recordar que el organismo es una máquina compleja, que requiere acomodarse. Lo mejor que hice fue, tanto a la ida como a la vuelta, tomarme unos días en diferentes destinos europeos, para aplacar el cambio y además, abaratar -mucho- el costo de los pasajes, ya que desde Europa cuesta la mitad. Doce horas de diferencia son muchas y se sienten. Con esto no quiero decir que estoy arrepentida del viaje, lo disfruté. Simplemente, creo que si se lo encara, hay que hacerlo con calma.

Tokyo no es grande, es monstruosa: 40 millones de habitantes, que parecen juntarse en algunas horas del día. Lo primero con lo que uno se enfrenta, al bajar del avión, es que casi todo está escrito en japonés, poco en inglés, idioma que muy pocos hablan y aún menos bien (para ir entrando en clima, acostúmbrese a agregar una O a las palabras que terminan en consonante: credit card se dice credito cardo). Desde el aeropuerto las mejores opciones son la Airport Limousine Tokyo Narita (en algunos casos llegan hasta los hoteles importantes) o el Narita Expresss. Ambos llegan a la estación Shinjuku, y aquí… agarrate Catalina, porque hay miles de salidas, andenes en diferentes niveles, shoppings, adentro y afuera (en cada salida) y tres millones y medio de personas (literalmente), que se mueven para todos lados. Además, un detalle para argentinos: los trenes tienen un horario y se cumplen. Si dicen que salen a las 01 es 01, ni un minuto antes, ni minuto después. A las 02 o antes, pasa por el mismo andén otro tren que puede llevarlo a la loma del peludo. Entendido esto, no se averguence en preguntar aunque sea con señas o dibujitos lo que necesite: la mímica y los garabatos son idiomas universales. Y la amabilidad japonesa no es un verso. Lo ayudarán hasta acompañarlo al lugar que busca, aunque a veces se confundan y lo dejen a varias cuadras, cuando el punto inicial era exactamente al lado de donde estaba. Para ir de un lado a otro de la ciudad, conviene utilizar el metro o la línea Yamanote, un tren JR (verde) que la rodea.

Dos datos fundamentales: si luego de Tokyo realizará un trayecto largo, compre fuera de Japón el ticket de JR que deberá validar (cuesta la mitad). Además, saque una tarjeta Suica, es como la Sube, que le permitirá cargarla y hasta viajar en algunos taxis. Si el trayecto es corto, camine o use taxi. Tokyo no es para despistados, yo tuve ayuda, hasta que comprendí ciertos códigos, como que el cartel azul, de los trenes, indica, tren local, rojo; sin problemas y amarillo, con retraso. Las salidas están indicadas en amarillo. Pero ojo, están en obras y debe saber claramente los puntos cardinales. Si sale donde no corresponde se encontrará con otra ciudad y ahí te quiero ver (el universo kafkiano era un poroto). El tema hoteles es complejo. Tokyo tiene poco terreno, por lo tanto las habitaciones gigantes son poco habituales. Un barrio aconsejable, porque no es el más caro y por el acceso al transporte es Shinjuku, pero al buscar en redes turísticas no hay que fiarse de las fotos: suelen estar tomadas con gran angular y lo que parecía un palacio será una cucha. Una opción es alquilar un apartamento, con más espacio y una mini cocina. Mirar los metros cuadrados no está de más. ¿Baños? En todos lados, aún en los lugares más humildes, encontrará inodoros con múltiples funciones. Todos tienen dibujitos, para no equivocarse.

Otro dato a tener en cuenta, para las señoras, es que este país es absolutamente machista. No dude en dar unos buenos codazos para bajar del tren o ascensor, porque jamás le cederán el paso, mucho menos darle un asiento. Nadie tocará bocina ni la incomodará de forma directa, pero una buena puteada a los gritos sorprenderá a más de uno. En mi caso, no me arrepentí.

Todos tienen celulares, muchos, de miles de modelos, pero los usan para jugar. El wi fi funciona muy mal. Los edificios, gigantes, contienen en las diferentes plantas desde shoppings, hasta restaurantes y hoteles, incluida la sede del Gobierno de Tokyo.

Encontrar una dirección no resulta fácil, las calles no tienen carteles con nombres y si llega al número indicado, puede ser que lo que busque esté en el piso 40, por ejemplo, el hotel Park Hyatt está en el 41, hasta el 52. En la planta baja no aparece. Y ahora sí, ubiquémonos en uno de los países de cultura milenaria, que al menos, una vez en la vida hay que conocer y que compartiré con ustedes con el correr de los días, cuando logre ubicar los pies y mis neuronas en tierra argentina.

GPS: Tokyo, Japón.

 

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