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Los Bis de Alkimia y Gresca

Son varios los porqué para explicar que a veces tenga ganas de ir a un restaurante y comer los platos de un chef en particular en su versión simple. En mi último viaje a Barcelona me di ese gusto en dos espacios que recomiendo: Gresca y Alkimia. Ambos poseen su Bis. El de Gresca Bar, bar de vinos, y el de Alkimia, Al Kostat, lugares armados a un costado espacial, pero bien centrales en el paladar.

Esta vuelta quería comer en Barcelona platos ricos, sin tener que pasar por un menú degustación. La solución fue visitar los espacios secundarios de estos dos restaurantes, donde además de disfrutar de una cocina muy rica, la cuenta es posible, un detalle que en estos tiempos no es un dato más.

A Gresca, de Rafael Peña, ya lo conocía, y se me ha convertido en un obligado cuando estoy por allí. La opción la creó Rafael, cuando pudo ampliar el local primitivo, dándole forma de una U que converge en la cocina a la vista, compartida por sus dos propuestas, en la que funciona una barra para seis comensales, el mejor lugar de la casa. Los platos que llegan a la mesa no tienen firuletes: son simples, con acento en lo mejor del mercado y de ese día, preparados con muchísima técnica (el chef tiene un amplio CV que incluye El Bulli, varios restaurantes españoles, franceses y suecos), donde cada ingrediente cobra protagonismo. No puedo dejar de recordar a los Guisantes, morro de ternera y trufa, donde guisantes y trufas hacen un matrimonio perfecto, sostenidos por la ternera. El trío (combinación que a algún tonto horrorizaría porque hasta en cocina también les gusta sacar la chapa de clases sociales diferentes) estalla en la boca, para convertirse en una combinación deliciosa. Y podría seguir con la Gilda de bacalao, la Tostada de anguila con nata agria y cebolla, las Sepietas con tomate… Sólo hay que pedir la carta o dejar que le recomienden. Sin olvidarse del postre, que aunque me conocen como fana del chocolate, en este caso iría por la Torrija con helado de canela, una nube deliciosa. Y para acompañar, tener en cuenta que este es un bar de vinos y se puede pedir por copa. En la casa poseen una amplia variedad de opciones naturales, no muy fáciles de encontrar en otros establecimientos.

Mi otra opción, ya venía clara desde el nombre: Al Kostat, el costado de Alkimia, con quien comparte mucho más que la K, el restaurante de Jordi Vilà y Sonia Profitós, con una estrella Michelin. Ya la entrada preanuncia sorpresas. Hay que tocar un timbre en los departamentos superiores de la Fábrica Moritz. Donde vivieron los dueños de la famosa cerveza. Este no es un dato más, el espacio se conserva como una muestra de las primeras casas del Eixample catalán. Por eso, la condición para alquilarlo fue que toda la ambientación debería poder ser extraída, para dejar el departamento intacto. Y así se hizo: una gran espina vertebral comunica las diferentes salas y el pasillo, donde a su vez, todo cambia, desde los tubos de ensayo de la entrada. Esta característica se refuerza con las diferentes proyecciones que incluyen movimientos, la carta y hasta dibujos de Jordi, que son sus bocetos de platos e ingredientes.

Al entrar, se observa un espacio mínimo, de pocas mesas, que da a la cocina abierta, es el lugar que ocupa el restaurante principal, al que rodea el que visité. La carta de Al Kostat la componen platos populares de la región, preparados con productos de cercanía, muchos cocinados a las brasas. Todos recuerdan a los que se preparan en las casas catalanas, son de temporada y esto puede traducirse en “del día”, llamados aquí efímeros. Por eso, es bueno consultar al pedir.

Comencé con Croquetas Caesar, Coca de recapte d ´albergina (berenjena) y Faves ofegades, plato de habas con butifarra negra, que por postear su foto tuve que arriesgarme a volver con el embutido en la valija, la llave que me permitió entrar a mi casa. En principales probé un Arroz de ñoras con escarmarla (tipo de crustáceo), de punto perfecto y que me llevó a limpiar el plato con pan. Terminé con un Pastel de chocolate Alkostat, que no me cansaré de recomendar. Los vinos son orgánicos, muchos de cercanías y se pueden pedir por copas.

En cada preparación encontré el sello de una mano muy sólida, con la firma especial de este chef al que la estrella no le sumó humos. Y el resultado, en mi caso, al no ser catalana, fue el poder contactarme con preparaciones tradicionales, elaboradas con maestría y muy ricas, donde se aprecia el producto y su combinación, porque en todos encontré ese algo más que destacaba. ¿Será lo que hizo que la comensal de la mesa vecina grite al probar las patatas? Son pecaminosas, exclamó, y se pidió otra vuelta.

GPS:
#Gresca #BarGresca
Provenza 230, Barcelona.
Teléfono 93 451 61 93

#Alkimia #AlKostat
Ronda de Sant Antoni 41. Barcelona.
Teléfono: 932 07 61 15.

 

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