Niño Gordo


La ciudad tiene su Niño Gordo, un Buda rojo, emblema de un espacio nuevo en el que se pueden comer platos de inspiración asiática, preparados con técnicas locales y todo lo que imaginaron Pedro Peña y Germán Sitz, un local porteño de éxito al que recomiendo ir.

Buenos Aires, verano, calor… Estoy acostumbrada a leer los signos y en estos tiempos complicados, llegar a la puerta de un restaurante –puerta, sí, sólo una puerta roja, con poco más de un mes inaugurado y que haya una cola de espera indica algo o mucho.


Cuando se toca el timbre y se atraviesa el umbral, con el pomo enorme, una cabeza que alude al protagonista de la casa, el rojo sigue siendo el color de este lugar: techo de innumerables faroles, muchos budas –niños gordos, mesas con y sin sillas, muñecos (también de mis tiempos), una gran pecera con medusas y a un costado los fuegos a la vista de todos, con barra, el gran espectáculo.

Pedro, colombiano, y Germán, argentino, ya son viejos conocidos por sus ideas gastronómicas de éxito, La Carnicería y Chori son ejemplo de que se puede armar algo, si cuando se lo hace hay un concepto claro que sea el que rija todo. No pensaron en la decoración y después, qué cocinamos y eso se aprecia en los tres locales. El dúo es un genio encontrarle la vuelta de rosca a lo obvio. En este caso, usan productos y técnicas argentinos, la carne y todo lo de la vaca a la cabeza, a los que les agregan sabores orientales. Chapeau.

Si se elige sentarse frente a la barra, habrá que bancarse el calor, de parrilla, planchas y ahumadores, pero esto se recompensa con la cantidad de “amorcito” que escuchará y el placer de ver a la brigada en acción. Pedro va cantando lo que viene, todos se mueven a su ritmo. Al menos una vez haga esta experiencia y después, sí elija una mesa.


Los platos nacieron de un viaje de Pedro por Asia, sabores taiwaneses, coreanos, chinos, algunos nipones, éstos -seguramente- se acrecentarán después del próximo viaje de Pedro a Japón.

Para pedir, hay raciones y platos para compartir. Imposible de una probar todo. Muy ricos los dumpling de pato, tataki de bife, arroz, wasabi y hierbas; papa, huevo, zanahoria, pepino, cebolla y wakame; la molleja con chilli, miso, choclo, akusai y cilantro o el rabo estofado. Como se ve, usan de todo, porque también hay niguiri de lengua, hay chinchulines, pesca, sopa y opciones vegetarianas…



En principales, el bife de chorizo con wakame y otros ingredientes, para comer a la manera vietnamita, haciéndose el paquetito y usando las manos, es riquísimo, tanto que voló son que hubiese tenido tiempo de sacarle la foto, detalle que a esta altura no importa. El fin fue una cheesecake japonesa suave, muy buena. Para beber, hay vinos, buenos tragos, cervezas, sake y barra de whisky.

No deje de ir: la gordura de este niño es saludable y la cuenta amigable, pero eso sí, reserve, porque al argentino, ya sabemos no le gusta hacer cola.

GPS:
Thames 1810, Teléfono: 2129-5028.
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