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Pa amb tomàquet/ Pan con tomate

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Esto de los catalanes y yo no es algo actual. Viene de lejos, de cuando mi tía Rosita se apareció en mi cumpleaños de 15 con el longplay Mediterráneo. La voz del Nano Serrat me cantaba desde el Winco y desde entonces ya no paró de sonar. Después llegaron otros catalanes, que no son otros, cada uno es “el catalán”. A Jordi Canal le dediqué mi libro, los paseos a la librería La Central, caminatas por Barcelona, bodegones y cada uno de los martinis que tomamos en el Boadas.

La catalanidad se fue metiendo en mi vida. Hoy la comparto con un catalán que me enseñó a mirar los objetos de otra manera, ver diseño y belleza en la calidez de la luz o en las líneas de un tacho de basura. Con él, cuando volvemos a su tierra y a su mar, tenemos algunos lugares obligados. Uno de ellos es Vinçon, tienda enorme de diseño, donde siempre, después de suspirar, salgo con algún objeto. Cuando estoy lejos, como en estos días, me gusta pasear por sus páginas, es algo así como viajar. Chusmeo las propuestas de regalos navideños y ya que no puedo presenciar las clases de cocina que imparten en su sección cocina, me meto en sus recetas con historia y las practico desde acá. Aprendo, para continuar aprobando clásicos, como la fideuà o el romesco que ya me salen genial, y aquí debo introducir y agradecer a una catalana, Eulalia, mi maestra, con nombre y paciencia de santa.

Entonces, pasemos a la cocina y vayamos “a” por el pan. Lo primero que hay que saber del pan con tomate o “pa amb tomàquet”, es que es un plato campesino, esos que nacen del ingenio o la necesidad, porque un tomate jugoso hace volver a la vida a cualquier pan duro. Hay que buscar tomate con gusto a tomate, cuanto más maduro y rojo, mejor. Nada de usar tomate con pinta, para la foto, esos perfectos, con sabor a nada.

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En la web de Vinçon (web@vincon.com) se lee sobre este bocado: “es típicamente catalán, la receta fue documentada desde 1838 y consiste en rebanadas de pan untadas con el tomate que se desprende al frotar mitades de ese fruto sobre el pan y aliñadas con aceite de oliva y sal. Se considera un plato en sí mismo y se le puede añadir jamón, embutidos, quesos y un largo etcétera de ingredientes. Tiene su origen en el ámbito rural, en las épocas del año en las que el tomate abunda. Las variantes y perversiones como untar el pan con tomate previamente rallado o usar sofrito de tomate u otras combinaciones, no se consideran pan con tomate. La combinación del pan, el tomate y el aceite es habitual en el arco mediterráneo. En Italia, en el Midi francés, en Grecia, etc., con distintas variantes y el agregado de otros productos como las hierbas aromáticas. Deciros finalmente que un “pa amb tomàquet” se hace con buen pan, con tomates de los llamados “de colgar” o “tomacons”, aceite de oliva y sal, que en nuestro caso es sal marina de grano medio, de la que se nota al masticar.”  Agrego: será pecado, pero a mi me gusta frotarle ajos. 

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Cortar rebanadas de pan de campo, mejor si es del día anterior.

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Cortar los tomates al medio

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Frotar los tomates abiertos sobre el pan, intentando que el mismo quede bien cubierto.

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Rociar con abundante aceite de oliva extra virgen y condimentar con granitos de sal marina, no muy gruesa.

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Y para hacerla completa, agrego los diseños de Martí Guixé (catalán, of course). El primero es un roll on para tener a mano en los ataques de saudades, que trae un frasquito con tomate y aceite listos para “pintar” el pan. El segundo, el Spamt, es un set pensado para tecnotapas y trae todo lo que hay que tener para preparar un pan con tomate.

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