Anthony Bourdain y Laurie Woolever

Fotos Bobby Fisher

Editorial Planeta

Desde hace años sigo a Anthony Bourdain, sus viajes, programas, libros. Es un chef sin gomina, con el que a veces acuerdo y otras no, pero que justamente por esa razón estoy atenta a sus pasos. Siempre, además de sabores, recetas y anécdotas me arranca carcajadas, sorpresas que hacen que lo que transmite se sienta vivo. Y la cocina debe sentirse así.

Fue chef de la Brasserie Les Halles de Nueva York. En “Confesiones de un chef”, el primero de sus libros que cayó a mis manos, porque jamás conseguí sus policiales, refleja el interior de un restaurante, con sus idas y venidas y por ahí te tira una frase en la que recomienda no comer jamás pescado un lunes, con todas las explicaciones. En sus libros posteriores, donde comienzan los viajes (que además de leerlo, seguí por los programas), participé de alguna manera en la matanza del cerdo en Portugal o de los laberintos de los mercados asiáticos. Me quedó claro que nada está prohibido para Anthony.

En este nuevo libro, Appetites, de Editorial Planeta, propone una serie de platos que además de conocer, todos deberíamos poder preparar. Son los que a él le gusta comer y con los que le gusta alimentar a su familia y amigos. Las recetas son simples, “funcionan”, están muy bien escritas. Muchas provienen de sus recuerdos de infancia: los alimentos que su madre le daba y los que le gusta cocinar a Ariane, su hija. Y lo que es mejor, las preceden textos de esos que hacen que te mueras de risa. No hay almidón en las introducciones. El sagrado pan, puede ser el “puto pan” sin problemas. “El sándwich puede haber sido preparado con ingredientes de primera calidad, pero si el pan se desintegra lo conviertes todo en una puta porquería…” “si la mitad de los ingredientes se escurren por encima de la mesa como en la última escena de una película de Peter North, ¿dónde reside su atractivo?” “¿Quién inventó el sándwich club? Un enemigo de América. El club es anterior a Al Qaeda, pero encaja en el modus operandi del grupo. Misión: destruir América. Método: debilitar la voluntad de vivir de los ciudadanos americanos, destrozando reiteradamente su almuerzo. Quizás fueron los nazis”…

Así, entre risas inteligentes y guiños, hay opciones que van desde el desayuno, los sándwiches, las fiestas, hamburguesas, pastas, mariscos y pescados, aves de corral, Acción de Gracias, Carne, Acompañamientos, postres, caldos, salsas y aliños. Un libro para tener en la mesada y también en la mesa de luz, cuando hace falta una dosis de buena vibra.

 

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