Uno de los destinos elegidos este año fue Córcega. Isla ubicada a 200 km de la Costa Azul, a 90 de la península itálica, y con una superficie de 8600 km2 (menos que las islas Malvinas). Esta isla, a la que los griegos llamaron Kallisté “la sublime”, es uno de los lugares del Mediterráneo menos construido. ¿Por qué elegirla? Porque no hay torres, no hay cadenas de comida rápida (esa palabra no entra en el vocabulario local). Salvo en un par de sus ciudades, todo es lento, slow, sin prisa, pero con una personalidad fuerte, una presencia corsa que con una mirada, sin palabras, aunque no entiendas el idioma, te dice todo. Se pueden recorrer sus caminos serpenteantes que atraviesan la gran cadena de montañas que aparecen desde el mar. Belleza salvaje, fue mi primera parte de un viaje que siguió por Cerdeña, tema de otro artículo.

De lo primero que me enteré es que Córcega, la de hoy, pertenece a Francia, país del que siempre piden independizarse. La larga historia tiene un pasado especial, protagonizado por la lengua corsa y las huellas genovesas, pueblo éste que le cedió sabores y ritos. Los franceses la llaman “Île de Beauté” (isla de la Belleza), a lo que los italianos le responden que hasta 1768 fue genovesa (y creo que hasta hoy maldicen a quien hizo la transacción), lo que explica la cantidad de nombres italianos con los que me crucé al llegar. Y sí, en 1768, Génova (que por entonces era un reino) se la vendió a Francia, después de un dominio de casi 500 años. Increíble.

Para recorrerla recomiendo alquilar un coche (tarea no fácil si desea transportarlo desde el continente, porque los seguros no cubren el trayecto). Las comunicaciones por tierra se complican por la geografía montañosa de la isla. Pero vale la pena, lo digo yo, que me metí mi vértigo donde mejor me cupo y los aullidos, cada vez que aparecía, así de repente, una cabra o una vaca en el camino, pero sólo a saludarme.

Básicamente existen dos regiones bien definidas: Córcega alta o del Norte (Haute Corse) y la Córcega del Sud (Corse du Sud). La primera con Bastia y Calvi como ciudades principales, la segunda con la capital, Ajaccio, y Bonifacio, en el extremo sur. Ciudades medievales, con restos romanos, que conviene visitar en los meses donde no se toman vacaciones los miles de europeos que llegan (evitar julio y agosto). En el medio, donde no hay rastros de civilización, montañas, vegetación, viñedos donde nacen vinos expresivos, aromáticos, cabras y el mar más azul que se pueda imaginar, con playas solitarias, de esas que invitan a rajarte del mundo.

Mi trayecto lo hice en dos partes, en Calvia, buscando esas playitas alejadas del turismo –que por aquí es mayor- y la segunda en Porto Veccio, en el Grand Hôtel de Cala Rossa, uno de esos lugares donde llegás y te cuesta irte. De este hotel me enamoré. Lujo puesto en la comodidad, gran parque, una playa tranquila, increíble, y con un gran plus: su comida. Pascal Cayeux es el chef principal, con propuesta más clásica, para quien prefiera platos elaborados, y también una más descontracturada, a cargo Sébastien Chauchat. Este joven, con el Mediterráneo grabado en la piel, propone platos sencillos, productos de estación, pesca fresca que varía todos los días, que va por lo más simple, aunque aclara que este camino puede resultar difícil. El muchacho también dirige junto a botánicos una de las huertas más hermosas que conocí (consultar, porque hay cursos buenísimos), un oasis para llevarse esa novela que se quiere leer sin que nadie te distraiga. El chef la recorre todos los días, observa los vegetales, juega con los animales que conviven con sus plantas, va hasta el gallinero, recolecta los verdes que servirán esa jornada y luego, los combina con lo que le ofrece el mar, a lo que agrega quesos y embutidos de montaña, con algo de carne, poca, que llega de otras partes de la isla. Desayunar ahí es imprescindible, gozar de los yogures, la repostería, los dulces caseros, la fruta, los quesos… y si están un fin de semana, disfrutar su buffet servido en mesas sencillas, metiendo los pies en la arena, con la vista al mar, es algo que no se puede olvidar. Córcega sigue sosteniendo a lo largo de los siglos un salvajismo que, esperemos, este mundo masificado no la haga abandonar.

 

GPS: #Córcega #Francia #France #GrandHôteldeCalaRossa #Relais&Chateaux

www.hotel-calarossa.com

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *