Aunque se haya afeitado la barba, a Tato Giovanonni siempre lo vi como un capitán de barco, el que lleva a puerto a su Florería Atlántico. Y no es solo la pinta, Tato ama el mar, tanto que se nos fue a vivir a Río de Janeiro, pero por suerte siempre vuelve, porque sus raíces están por aquí, en el asfalto porteño y en las costas argentinas, como las de Pinamar, donde se crió, pegadas a las de Cariló, cubiertas de bosques. Esas pasiones son las que lo inspiraron, después de su famoso gin Príncipe de los Apóstoles, para crear dos cervezas artesanales, elaboradas junto a Antares. Tato es de esos tipos que no paran de soñar y no sé cómo lo hace, pero logra concretar mucho de lo que imagina.

Marítima, me cuenta Tato de una de sus cervezas, se saborea como a la brisa atlántica, producto del toque especial que le da esa pizca de sal marina recolectada artesanalmente. Tiene notas especiadas y frutales por la levadura y el aporte cítrico del trigo. Es una cerveza fresca pero con gran complejidad y equilibrio.

De Bosquísima, dice, tiene notas de su malta base y caramelo, sumados a perfiles resinosos y herbales de coníferas de los bosques frente al Atlántico Sur, agregadas de forma tardía. Es una cerveza de leve maltosidad. Refrescante como una brisa en medio de los bosques de pinos de Cariló. Dos cervezas nacidas de un sueño, para disfrutar todo el año.

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